Nahuizalco, tierra de sombras y soles
- Alfredo Carias
- Jul 24, 2025
- 2 min read
Updated: May 5
"El tianguis de los cuatro rumbos"
Cada domingo, antes de que el sol se asome tras los cerros, las calles empedradas de Nahuizalco despiertan con murmullos que no son del todo modernos. Son ecos antiguos, como si los antepasados pipiles aún conversaran en lengua náhuatl entre las canastas y los telares.

Don Tomás, un curtido vendedor de petates y escobas de palma, llega cuando aún la neblina abraza los tejados. A su lado, doña Rosa una mujer indígena extiende su manta con las "Puyuyas" que es una planta similar al Motate, ambas se preparan para la sopa de gallina india. Los puestos, uno a uno, florecen como enredaderas a lo largo de la calle principal hasta llegar al mercado.

El tianguis no es solo mercado. Es encuentro. Es donde las abuelas como la indígena Aurelia comparten recetas de la pupusa de yuca y las niñas aprenden el arte de hilar en telar de cintura. Es donde el trueque aún sobrevive, entre un racimo de güisquiles y una bolsa de café tostado.
Algunos dicen que el tianguis sigue los cuatro rumbos del mundo: norte, donde se vende la medicina ancestral; sur, donde los colores de los huipiles brillan como fuego; este, con el aroma de las pupusas al comal; y oeste, donde el copal arde en lo alto, bendiciendo la jornada.
Por la noche, cuando las luces se apagan y la oscuridad vuelve a reinar, las y los vendedores recogen sus cosas con calma. Pero en las sombras, algunos aún aseguran ver figuras antiguas —espíritus de las abuelas y abuelos— paseando entre los puestos, cuidando que la tradición no muera.
Porque en Nahuizalco, el tianguis no es solo comercio.
Es memoria viva.
Es la voz de un pueblo que sigue hablando con la tierra.



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