Entre túneles y océano: crónica de un viaje por el Litoral salvadoreño
- Alfredo Carias
- Feb 27
- 2 min read

Recorrer los túneles de la carretera del Litoral no es solo trasladarse de un punto a otro; es entrar en una conversación silenciosa entre la montaña, el mar y quienes la atravesamos. Como periodista ambiental —y como productor de contenidos que siempre va buscando historias con la cámara lista— este trayecto me obliga a bajar la velocidad y mirar más allá del asfalto.
Antes de entrar al primer túnel, la costa se anuncia con fuerza. El aire cambia, huele a sal y a vegetación húmeda. La montaña se levanta a un costado como un muro verde que guarda secretos antiguos. Al ingresar, la luz natural desaparece por segundos y el sonido del motor se amplifica. Es un paso breve, pero simbólico: atravesamos el corazón de la tierra para volver a salir transformados.
Cada salida del túnel es un golpe de realidad. El océano aparece de pronto, inmenso, recordándonos por qué este país, aunque pequeño, se siente tan grande cuando se mira desde la costa. Detengo el vehículo, saco la cámara y dejo que el viento haga lo suyo. Grabar aquí no es solo capturar imágenes bonitas; es intentar traducir una sensación difícil de explicar: la mezcla de vértigo, calma y respeto que provoca el paisaje.

Durante el recorrido, observo aves marinas planear cerca de los acantilados y pescadores que, desde lejos, parecen puntos mínimos frente a la inmensidad del mar. Pienso en cómo esta carretera, con sus túneles perforando la roca, conecta territorios, pero también nos enfrenta a una pregunta constante: ¿cómo convivimos con la naturaleza sin imponerle demasiado?
Algunas paradas se vuelven inevitables. Caminar unos metros, tocar la piedra caliente por el sol, escuchar el choque rítmico de las olas. Como comunicador ambiental, estos momentos son claves: no basta con contar datos, hay que sentir el lugar para narrarlo con honestidad. Aquí, el paisaje no se consume, se contempla.
Para quienes hacemos contenido, este tour es un recordatorio poderoso: no siempre se necesita ir lejos para contar buenas historias. A veces basta con mirar el camino cotidiano con otros ojos. Los túneles del Litoral no solo atraviesan montañas; atraviesan también nuestra forma de entender el territorio, el desarrollo y la relación que tenemos con nuestro entorno.
Al final del trayecto, guardo la cámara, pero la historia sigue. Porque este recorrido no termina cuando se apaga el motor, sino cuando logramos que quien nos ve —desde una pantalla— sienta aunque sea un poco del viento, del mar y del respeto profundo que este paisaje merece.



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