Chalatenango protege su montaña: el pulmón verde
- Alfredo Carias
- Sep 25, 2025
- 3 min read
Updated: Apr 6

En lo más alto de Chalatenango, donde las nubes acarician las copas de los pinos y el aire aún guarda el frescor de lo puro, late un tesoro natural que muchos llaman simplemente La Montañona. No es solo un bosque, es un refugio de historia, de vida y de esperanza.
Cada amanecer, hombres y mujeres de las comunidades cercanas se levantan con una misión: cuidar lo que por generaciones ha sido su hogar. Con voluntad firme y corazones decididos, vigilan los senderos, reforestan con paciencia y levantan su voz frente a las amenazas de tala y caza ilegal.

La Montañona no es únicamente árboles y montañas; es memoria viva de luchas pasadas y un símbolo de resiliencia. Aquí, la comunidad demuestra que proteger la naturaleza es también proteger la vida misma, el agua que baja hacia los pueblos, la sombra que calma el calor, el canto de los pájaros que aún resiste al silencio del progreso mal entendido.
“Cuidarla es cuidarnos”, es un lema del trabajo de la Mancomunidad, con la certeza de que el esfuerzo compartido es la semilla que asegura un futuro. En cada gesto comunitario, se escucha un mensaje claro: la Montañona se honra y se cuida.
El guardabosques Misael Oliva nos guía con paciencia entre los senderos del vivero, mostrándonos con orgullo las pequeñas plantas que resguardan para que crezcan como semillas de esperanza para el bosque de la Montañona.
En tal sentido, la Mancomunidad desarrolla acciones de recuperación de suelos, control de plagas, protección de cuencas hídricas, realizan brechas corta fuego, construyen reservorios para combatir los incendios forestales en coordinación estrecha con otras instituciones estatales y de la sociedad civil destaca con orgullo Salomón Martínez, representante de la Mancomunidad la Montañona.

En su territorio habitan unas 189 especies de animales y 133 especies de aves que conforman el Área Natural Protegida.
Hoy, Chalatenango no solo protege una montaña: protege la esperanza de que, en un país marcado por el alto índice de deforestación, todavía es posible escuchar el murmullo de los ríos, el canto de los pájaros y el susurro del viento entre los árboles. Y ese esfuerzo comunitario es, sin duda, una de las más grandes victorias de las manos anónimas de la Mancomunidad que en silencio actúan y han convertido la protección del bosque en un triunfo colectivo.
El bosque nos regala una sinfonía de vida: árboles frutales, plantas arómaticas, comestibles y medicinales; desde los helechos que alfombran sus senderos, los musgos que acarician las piedras, las orquídeas que florecen en silencio, hasta los majestuosos robles y cipreses que elevan su sombra hacia el cielo.
Estas acciones de conservación de bosques, agua y biodiversidad, enfocada en la Finca Santa Marta, se ha convertido en un referente de restauración forestal exitosa gracias a la colaboración interinstitucional de las organizaciones Catholic Relief Services (CRS), Fondo de Inversión Ambiental de El Salvador (FIAES), Global Green Growth Institute (GGGI) por sus siglas en inglés y el Programa Somos Río Lempa.
Desde Chalatenango, esta es la voz de una montaña y de un pueblo que, unidos, nos recuerdan que aún hay esperanza si aprendemos a caminar junto a la tierra.















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