Máscara y corazón
- Alfredo Carias
- Jun 30, 2025
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Updated: Apr 6

Cuando tenía ocho años, los sábados eran sagrados. No por la iglesia, ni por las tareas, sino porque a las nueve de la mañana, encendía la vieja televisión de tubo, y veía la lucha libre de "Titanes en el Ring" un programa de la televisión transmitido en el canal 4.
Yo me sentaba en el suelo, con una toalla amarrada al cuello como capa y una máscara imaginaria soñando ser Blue Demon. En la pantalla, el Martín Karadagián volaba desde la tercera cuerda, venciendo a la Momia con una patada giratoria. Para mí, ese hombre no era un luchador. Era un superhéroe, un mito, un rayo de justicia en mallas brillantes.
La lucha libre es una historia entre el bueno (tecnico), el malo (rudo)... y el corazón del público que decide quién gana.
Con el tiempo, entendí que no era solo un espectáculo. Era un lenguaje. Los giros, las caídas, los aplausos, eran formas de hablarle a la gente sobre lo que es justo, lo que duele, lo que se supera.



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