La pupusa de hongos de árbol: un sabor nacido del bosque
- Alfredo Carias
- Jul 14, 2025
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Updated: May 5

En las montañas de Nahuizalco en el occidente de El Salvador, donde los árboles hablan con el viento y las mañanas huelen a tierra húmeda, nació una pupusa que pocos presumen han comido: la pupusa de Talpupo.
La historia comienza con Silvia y Teresa, mujeres indígenes de un pequeño cantón llamado Sisimitepec. Cada madrugada, cuando la neblina aún acariciaba los árboles de mango y papaya, ellas salían con su canasta de mimbre a recorrer el bosque. No iban solas, las acompañaba el infaltable perro aguacatero "Ranger" de la comunidad y una tradición antigua que les enseñó sus abuelas: reconocer los hongos buenos, los que solo crecen en la sombra amable de los árboles más viejos.

Una mañana después de la lluvia, Silvia Carías encontró una abundancia de hongos de palo y setas silvestres. Eran frescos, carnosos, y despedían un aroma terroso irresistible. Esa mañana, con el maíz recién molido y el quesillo suave de la zona, decidió preparar algo distinto. En lugar del tradicional frijol o chicharrón, rellenó la masa con un salteado de hongos de árbol con quesillo y ajo.

El resultado fue una pupusa suave, jugosa, con un sabor profundo y misterioso, como el bosque mismo. Quienes la prueban no dejan de hablar de ella. Pronto, la “pupusa de hongos de árbol” se convirtió en una especialidad de la casa.

El talpupo es un hongo comestible que crece durante la época de lluvia en las montañas y durante años este hongo ha sido parte de la dieta de algunas salvadoreños que lo consumen en pupusas, huevos o sofrito.
Existen varios hongos comestibles, tanto silvestres como cultivados. El más conocido y culturalmente importante es el "tenquique", que se consume principalmente en la zona occidental del país.
Hoy, aún se prepara en algunos rincones del país, como un homenaje a la tierra, a las lluvias generosas y a las mujeres que escuchan los secretos de la naturaleza. Cada mordida es una caminata por el bosque.


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